El cura que acompañó a "Pity" Álvarez declaró en el juicio por homicidio
El tribunal que juzga a Cristian "Pity" Álvarez por el homicidio de Cristian "El Gringo" Díaz escuchó este lunes el testimonio del padre César Scicchitano Tagle, sacerdote que conoce al músico desde hace casi dos décadas. La audiencia, la decimoséptima desde que el debate comenzó el 10 de agosto, continuó en la sede judicial de la calle Paraguay al 1500. Álvarez fue trasladado desde la clínica psiquiátrica de Castelar donde permanece internado de manera involuntaria desde el 2 de octubre.
El sacerdote describió un entorno de vulnerabilidad sostenida. Según su relato, un grupo de seis o siete personas se acercaba habitualmente a la vivienda del músico para pedirle dinero o drogas. Recordó episodios en los que le robaron instrumentos musicales, equipos de sonido y una mochila con pertenencias personales. Scicchitano Tagle detalló que esa mochila contenía ropa, maquillaje, medicación, algún estupefaciente y dinero. Luego de una operación de cadera y rodilla en 2017, el músico quedó físicamente debilitado y el miedo fue en aumento.
"Me llamaba a las dos, a las cuatro o a las tres de la tarde, a cualquier horario, por el miedo que tenía de que entraran a robarle", relató el sacerdote. Según describió, Álvarez instaló un sensor de luz, tapió con madera las ventanas de su departamento en un quinto piso y le pedía al cura que lo llamara al llegar al auto cuando se retiraba.
El padre César vinculó ese estado con el consumo problemático de sustancias. "Estamos hablando de una persona con una adicción muy fuerte y esto le generaba un estado de paranoia muy grande", dijo. Señaló que el consumo le impedía al músico advertir lo que ocurría a su alrededor y lo dejaba expuesto a robos mientras dormía.
Sobre la víctima, Díaz, el sacerdote confirmó que era una de las personas que frecuentaba el entorno del músico. Ante una pregunta sobre si ese grupo portaba armas, respondió: "Puedo decir que en algún caso llegué a ver en alguna cintura un arma, pero no sé ni qué calibre ni nada por el estilo." Agregó que Álvarez sentía que tener un arma propia le permitiría protegerse de las amenazas que percibía.
Sin embargo, Scicchitano Tagle fue categórico al descartar una intención homicida previa. "Jamás dijo: 'A este lo voy a matar'", sostuvo. Calificó el crimen como "un ataque de locura del momento" y lo enmarcó en un estado de miedo extremo.
Después del testimonio del sacerdote, el psiquiatra Ezequiel Mercurio declaró que Álvarez atravesó períodos con ideas persecutorias y delirantes. El perito aclaró que esos episodios convivían con situaciones reales, como personas que efectivamente le pedían dinero o drogas, lo que dificultaba distinguir la paranoia del peligro concreto.
El debate continúa y está previsto que el propio Álvarez declare por primera vez desde el inicio del proceso. ¿Qué peso tendrán los testimonios sobre el entorno del acusado a la hora de definir la sentencia?
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