Harari: la IA tomará el sistema financiero antes de que podamos entenderlo
Yuval Noah Harari propuso una imagen incómoda para describir la relación futura entre los humanos y la inteligencia artificial. Una vaca percibe al humano, lo ve y lo teme, pero no tiene acceso al concepto de dinero. Sin embargo, el mercado que la vaca ignora define cada aspecto de su existencia. Harari usó esa imagen para plantear que los humanos podrían ocupar ese mismo lugar frente a los sistemas financieros que construya la IA.
El argumento no parte de robots ni de escenarios de ciencia ficción. Para Harari, el peligro concreto es que la IA tome posiciones en las finanzas y la burocracia, dos dominios donde tiene ventajas estructurales sobre cualquier operador humano. "Nacimos en el bosque, no en la oficina", dijo. Las inteligencias artificiales, en cambio, son nativas de ese mundo de reglas, formularios y flujos de datos.
La ventaja se vuelve clara en el sector bancario. Ningún empleado humano retiene la historia completa de transacciones de una institución. Un sistema de IA sí puede hacerlo, y a partir de esa capacidad construir arquitecturas financieras de una complejidad imposible de auditar con métodos actuales. Harari estimó que ese proceso tardará entre diez y veinte años en consolidarse.
En Argentina, algunos indicadores muestran que la tensión entre velocidad tecnológica y capacidad regulatoria no es abstracta. Según la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia, más del 70 por ciento de las denuncias por ciberdelitos en el país corresponden a fraude digital y suplantación de identidad. Un informe de CertiSur y D'Alessio IROL registró que el 43 por ciento de los usuarios de internet argentinos sufrió algún hackeo o fraude digital entre 2025 y el primer semestre de 2026, contra el 33 por ciento del período anterior.
La respuesta regulatoria llegó con demora. Desde el 4 de agosto de 2026, los proveedores de servicios de pago registrados deben cumplir una normativa del Banco Central que los obliga a gestionar, registrar y notificar al regulador cada incidente de ciberseguridad. Es un primer paso hacia lo que Harari señala como condición necesaria: que la responsabilidad recaiga siempre en personas concretas, no se diluya entre algoritmos y corporaciones.
El historiador señaló que hoy las empresas que desarrollan IA garantizan a sus inversores que la controlan, pero cuando algo falla esa responsabilidad desaparece. Dos posiciones que, según él, no pueden coexistir.
Si hoy cuesta encontrar responsables en sistemas que todavía entendemos, ¿qué mecanismos deberían existir para que eso sea posible cuando los sistemas sean demasiado complejos para explicarlos?
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