Por qué algunas disculpas agravan el conflicto en lugar de resolverlo

La frase "lamento que te sientas así" tiene la forma de una disculpa, pero desplaza la atención hacia la reacción de quien resultó afectado y omite la conducta que originó el problema. Especialistas en psicología y estudios sobre resolución de conflictos coinciden en que reconocer qué se hizo, asumir responsabilidad y atender el daño causado son los componentes que determinan si una disculpa se percibe como genuina o como una forma de evasión.
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Cuando alguien dice "lamento que te sientas así", la persona que habló o actuó deja de ser el sujeto de la oración. El foco se traslada al estado emocional de quien recibió el daño, y la conducta que provocó el conflicto queda fuera de la conversación. Ese desplazamiento no es solo de tono: define si lo que se está diciendo es una disculpa o una expresión de simpatía.

Changiz Mohiyeddini, profesor del Departamento de Medicina Familiar y Comunitaria de la Universidad de Toronto, señala que una disculpa genuina requiere que quien cometió la falta se ubique como sujeto de la acción. Esa estructura permite centrar el intercambio en lo que ocurrió, en lugar de derivar hacia una discusión sobre si la reacción emocional de la otra persona estuvo o no justificada.

La psicóloga Karina Schumann, en declaraciones a la Asociación Estadounidense de Psicología, identificó el reconocimiento del daño y la aceptación de responsabilidad como componentes clave de un pedido de perdón percibido como sincero. Señaló también que la validación del impacto, es decir, registrar de qué manera la propia acción afectó a otra persona, suele estar ausente en muchas disculpas.

Una investigación publicada en 2016 en la revista Negotiation and Conflict Management Research evaluó seis componentes posibles de una disculpa en dos experimentos con 755 participantes. Los resultados mostraron que el reconocimiento de responsabilidad y el ofrecimiento de reparación fueron los elementos con mayor incidencia en la percepción de eficacia.

La guía Greater Good in Action, de la Universidad de California en Berkeley, agrega que las fórmulas vagas pueden cuestionar de manera indirecta la legitimidad de quien se siente afectado. Identificar la ofensa concreta, a la persona involucrada y la responsabilidad correspondiente aumenta las posibilidades de que la disculpa sea bien recibida.

La distinción entre empatía y responsabilidad también aparece en el campo médico. Un artículo académico de 2008 analizado en PubMed Central, de Jennifer K. Robbennolt, comparó las consecuencias de asumir responsabilidad por un daño frente a expresar únicamente simpatía. El trabajo encontró que reconocer lo ocurrido y manifestar arrepentimiento puede reducir la atribución de culpa y las respuestas de confrontación, además de favorecer la confianza en la relación.

Cuando no existe acuerdo sobre los hechos, Mohiyeddini propone que sea más útil la claridad que una disculpa aparente. Explicar que se comprende el dolor ajeno pero que se tiene una interpretación distinta de lo sucedido evita presentar como reparación algo que no asume ninguna responsabilidad. Si ese tipo de respuestas evasivas se repite en relaciones cercanas, el especialista señala que puede ser conveniente abordarlo con un profesional de salud mental o con alguien de confianza ajeno al conflicto.

¿Reconocés alguno de estos patrones en tus propios pedidos de disculpas o en los que recibís? Contanos en los comentarios.

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