Cinco creencias sobre el corazón que los cardiólogos desmienten con evidencia
Las enfermedades del corazón no son un problema exclusivo de hombres ni de adultos mayores. Esa doble suposición es, precisamente, una de las razones por las que muchas personas llegan tarde al diagnóstico. El cardiólogo Luke Laffin, de Cleveland Clinic, identificó cinco mitos que todavía circulan con fuerza y que pueden tener consecuencias concretas sobre la salud.
El primero tiene que ver con el sexo. "El corazón no discrimina por sexo", afirmó Laffin. Las mujeres enfrentan factores de riesgo propios: la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo. A eso se suma que sus controles suelen quedar postergados frente a otras responsabilidades cotidianas. La recomendación es conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con un médico de cabecera, que puede derivar a cardiología si la situación lo requiere.
El segundo mito es que el corazón solo da problemas después de los 50. Sin embargo, las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden comenzar en personas de 20, 30 o 40 años, muchas veces sin síntomas. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas. Por eso Laffin recomienda análisis de sangre y chequeos regulares también en adultos jóvenes.
La tercera idea equivocada es que los antecedentes familiares vuelven inevitable la enfermedad cardíaca. Aumentan el riesgo, pero no determinan el desenlace. La alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que reducen esa probabilidad. Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y el colesterol.
El cuarto mito es que sentirse bien equivale a estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa; la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no producen síntomas. En algunos casos, el primer indicio es un infarto o un accidente cerebrovascular. Consultas anuales con el médico de atención primaria y análisis periódicos permiten seguir la evolución de esos indicadores antes de que generen complicaciones.
El quinto error es asumir que el deterioro cardiovascular es una consecuencia inevitable del envejecimiento. La edad es un factor de riesgo, no una condena. Laffin señaló que atiende a pacientes de más de 80 y 90 años con buena capacidad aeróbica, algo que atribuyó a la actividad física sostenida y al cumplimiento de los tratamientos indicados. Mantener los controles, tomar la medicación prescripta y adaptar la alimentación a cada etapa son parte de ese cuidado continuo.
¿Cuál de estas creencias te sorprendió más, o hay alguna que todavía escuchás seguido en tu entorno?
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