"La invitación" reinterpreta "Sentimental" y sale fortalecida con sus propios cambios

La versión de Olivia Wilde del filme de Cesc Gay conserva los conflictos centrales de una cena que se descontrola, pero desarrolla con mayor profundidad a cada personaje y toma decisiones narrativas que le dan un tono final más íntimo y ambiguo. El resultado es una comedia con un giro dramático sostenido que se diferencia con claridad del original.
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"La invitación" parte del mismo punto de arranque que "Sentimental": una pareja que acepta cenar con vecinos desconocidos y enfrenta, en el transcurso de esa noche encerrada en un departamento, las tensiones acumuladas de su matrimonio. La estructura argumental sigue los mismos hitos, incluidos el músico frustrado que se entera tarde de los planes, la vecina que aparece desnuda frente a su ventana y la sesión de terapia con la psicóloga.

Sin embargo, Wilde trabaja la puesta en escena con más dinamismo que la versión original, cuyo tono es más teatral y contenido. La cámara recorre el departamento con libertad, y los actores tienen espacio para moverse dentro del encuadre.

Los cambios más importantes son de construcción de personaje. El papel que interpreta la propia Wilde gana historia con referencias a una carrera artística abandonada y a pequeños gestos cotidianos que revelan su carácter. El personaje de Edward Norton recibe también un pasado que explica su actitud aparentemente despreocupada.

El punto de quiebre más significativo respecto al original llega cuando se revela que la pareja formada por Norton y Penélope Cruz tiene una relación poliamorosa. En "Sentimental" esa revelación genera rechazo; acá, el personaje interpretado por Seth Rogen responde con curiosidad mezclada con inseguridad, lo que vuelve más visible la fractura dentro del matrimonio protagonista.

Ese giro sostiene el cambio de tono en el tramo final, cuando la comedia cede paso a un drama más reflexivo. El cierre no termina en el sexo aparentemente reconciliador del original, sino en una imagen más discreta: Rogen retoma el piano que había dejado atrás y Wilde toca junto a él. La escena es emocionalmente más cargada y, al mismo tiempo, deliberadamente abierta sobre lo que ese momento significa para los dos.

¿Esa ambigüedad en el final suma o le quita fuerza al cierre de la historia?

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