Coágulos sanguíneos: factores de riesgo, síntomas de alerta y cuándo consultar
La tromboembolia venosa se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, generalmente en las piernas. Si ese coágulo se desprende y llega a los pulmones, puede causar una embolia pulmonar, una complicación que puede ser fatal y requiere atención de emergencia.
El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco identificó cuatro señales físicas que pueden indicar la presencia de un coágulo: dolor o sensibilidad en una pierna (especialmente en la pantorrilla o el muslo), hinchazón, cambios en el color de la piel (que puede verse roja, azulada o más oscura de lo habitual) y sensación de calor en la zona afectada. Estos síntomas no confirman el diagnóstico por sí solos, pero justifican una consulta médica para descartarlo.
Ante síntomas de embolia pulmonar como dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar, tos con sangre o pérdida del conocimiento, corresponde llamar a emergencias de inmediato.
Hay factores que incrementan la probabilidad de desarrollar un coágulo: haber tenido uno previamente, tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar períodos prolongados con movilidad reducida, y convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer.
En la vida de las mujeres, tres etapas merecen atención particular. El uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno se asocia a un incremento del riesgo, aunque es bajo para la mayoría. El embarazo y el posparto representan un período de mayor vulnerabilidad, porque el organismo activa mecanismos para prevenir el sangrado excesivo durante el parto, lo que favorece la coagulación. La terapia hormonal utilizada para tratar síntomas de la menopausia también puede elevar el riesgo cuando incluye estrógeno.
"La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien", señaló Lo Monaco. El especialista subrayó que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden modificarlos, por lo que el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona.
Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más se benefician de una consulta específica con su médico.
¿Conocés tus factores de riesgo? ¿Hubo algo en esta nota que te llevó a repensar alguna señal que pasabas por alto?
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