Especialistas recomiendan dormir bien y reducir distracciones para cuidar la memoria
Organizar el día con menos interrupciones puede ser un punto de partida para cuidar la memoria. Revisar mensajes mientras se conversa o se responde un correo obliga al cerebro a cambiar de foco continuamente. Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health, explicó que esa alternancia aumenta los errores y genera estrés que puede perjudicar la memoria de corto plazo.
Dejar el celular lejos durante una tarea, reservar momentos para consultar el correo y reunir los trámites administrativos en un mismo bloque ayuda a reducir esa fragmentación. El teléfono también puede esperar cuando no aparece un nombre conocido: intentar recuperarlo antes de buscarlo permite ejercitar la memoria. Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine, señaló que ese esfuerzo activa el hipocampo y la corteza prefrontal.
El descanso ofrece otra oportunidad de cuidado. Mientras dormimos, el cerebro organiza lo aprendido durante la jornada. La recomendación de dormir entre siete y ocho horas apunta a sostener ese proceso. Mednick agregó que una siesta de unos 30 minutos puede contribuir a fijar información, como complemento del sueño nocturno.
Moverse también tiene efectos sobre el funcionamiento cerebral. Small explicó que el ejercicio aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y favorece la producción de proteínas involucradas en la comunicación neuronal. Una investigación de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años: quienes caminaron rápido durante 40 minutos, tres veces por semana, registraron un hipocampo un 2% mayor que quienes hicieron estiramientos y tonificación.
En las comidas, los especialistas destacaron el patrón MIND, que reúne componentes de las dietas mediterránea y DASH e incluye cereales integrales, vegetales de hoja y pescados grasos. La alimentación forma parte del cuidado de la atención y la capacidad de almacenar recuerdos.
Compartir encuentros y aprender una habilidad completa estas posibilidades cotidianas. Una conversación requiere escuchar, interpretar y recuperar experiencias; tocar un instrumento o estudiar un idioma exige recordar y sostener la atención. Mantener vínculos se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo, aunque no garantiza evitar enfermedades neurodegenerativas.
¿Qué cambio podrías incorporar a tu rutina para cuidar la memoria?
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