Una muestra fotográfica rescata la lana negra descartada por la industria ovina patagónica
En la industria lanera patagónica, la lana merino vale por su blancura. Cuando una oveja negra entra al rebaño, se la separa de inmediato: una sola fibra oscura en un lote blanco lo hace perder su valor de mercado. Esa lana descartada, sin precio en el circuito industrial, es el material central de la muestra que Laura Ferro presenta en Fundación Larivière.
Ferro proviene de una familia con al menos tres generaciones dedicadas a la cría de ovinos en la Patagonia. Su padre recogía la lana negra que no podía comercializar y se la encargaba a tejedoras artesanales de la zona, que con ella confeccionaban sweaters para el trabajo en el campo. Tras la muerte de su padre, Ferro encontró una de esas prendas. Ese hallazgo fue el punto de partida de una investigación que lleva años.
La exposición reúne fotografías recientes junto a imágenes rescatadas del álbum familiar, algunas de ellas tan integradas al conjunto que el visitante necesita detenerse para distinguir si son antiguas o actuales trabajadas en blanco y negro. Entre las piezas más llamativas está una fotografía de 1924 donde aparece una oveja negra de raza karakul, pequeña y de perfil, mezclada entre las blancas.
La obra incluye también retratos de las ovejas descartadas, paisajes de la estepa patagónica sin animales, y la imagen de los residuos que quedan después del lavado industrial de la lana merino. La figura del padre aparece fragmentada: sus botas junto a las patas de una oveja, su pelo canoso confundiéndose con el vellón, sus manos abriendo la lana sin esquilar. "Son las manos de mi padre abriéndolo, como abre un mundo también", dijo la fotógrafa sobre esa imagen.
En el centro de la sala cuelga una nube negra hecha de lana sin ningún tratamiento. Ferro explicó que la pieza surgió a partir del duelo por la muerte de su padre: al oler unas muestras de lana que él guardaba en su mesita de luz, sintió que había algo en esa materia que tenía que explorar desde otro lugar.
La muestra también propone una relectura del color: la llamada lana negra no es un solo tono, sino una escala de marrones, grises y pardos que Ferro presenta enmarcados como si fueran un sistema de color llevado al formato de obra de arte. La curaduría es del español Gonzalo Golpe, con residencia en Chile, quien conoció a Ferro durante una estadía de ella en Italia.
"Lana negra" está en Fundación Larivière, Caboto 564. ¿Conocés alguna obra que haya partido de materiales o historias descartados por la industria? Contanos en los comentarios.
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