Cómo limpiar los oídos sin dañarlos y qué prácticas conviene evitar
El oído produce cerumen de forma continua como parte de su sistema de defensa. Atrapa polvo, partículas y microorganismos antes de que lleguen a zonas más sensibles, y además tiene propiedades antifúngicas y antibacterianas. Lo que muchos no saben es que el oído también cuenta con un mecanismo propio para expulsarlo: el movimiento de la mandíbula al hablar o masticar desplaza la cera vieja hacia la parte externa del conducto, donde se seca y cae sola.
Ese proceso natural es suficiente para la mayoría de las personas. El problema aparece cuando se interfiere con él, ya sea por el uso frecuente de auriculares o tapones, por características anatómicas del conducto auditivo o por el hábito de introducir objetos para "limpiar". En esos casos, la cera puede acumularse hasta formar un tapón que provoca sensación de oído tapado, zumbidos, picazón o una pérdida parcial de la audición.
Cuando hay síntomas concretos, existen opciones seguras para el uso doméstico. La irrigación con agua tibia es una de ellas: se inclina la cabeza hacia un lado, se aplica el agua con suavidad y se deja drenar. La temperatura importa; el agua demasiado fría o caliente puede generar mareos. Las gotas de venta libre con peróxido de hidrógeno ayudan a ablandar la cera cuando la acumulación es baja o moderada. Los aceites (mineral, de oliva o para bebés) también pueden lubricar el conducto: se colocan unas gotas, se espera alrededor de cinco minutos y se deja drenar. Anh Nguyen-Huynh, especialista en otorrinolaringología, señaló que en tapones firmes estas gotas pueden ablandar la cera sin disolverla por completo y, en algunos casos, empeorar la obstrucción.
Ninguno de estos métodos está indicado para personas con perforación de tímpano o antecedentes de cirugía de oído.
La práctica más desaconsejada es introducir bastoncillos de algodón en el conducto auditivo. En lugar de extraer la cera, suelen compactarla y empujarla hacia adentro. Un estudio publicado en PLOS One relevó que, entre 209 profesionales sanitarios, el 8,6% había sufrido lesiones al limpiarse los oídos de esa manera y que el 11,1% de esas lesiones correspondía a perforación de la membrana timpánica.
Tampoco se recomiendan los dispositivos domésticos con cámara o pequeños aspiradores que se comercializan para extraer cera. Meaghan Reed, directora afiliada de otorrinolaringología, advirtió que quienes los usan no tienen entrenamiento para calcular la profundidad ni las curvas del conducto, lo que eleva el riesgo de arañar la piel o perforar el tímpano.
Cuando los síntomas no mejoran, hay dolor, secreción o la pérdida de audición es notable, la consulta con un profesional es el paso necesario. Un médico puede determinar si la causa es realmente un tapón de cerumen o si hay otra condición detrás, como una infección del oído medio. La extracción profesional se hace con visualización directa, lo que marca una diferencia sustancial respecto de cualquier método casero con instrumentos rígidos.
La audióloga Julie Honaker resumió el criterio general: limpiar solo la parte externa del oído, evitar ruidos intensos sin protección y consultar ante cualquier síntoma que persista.
¿Tenés el hábito de limpiar los oídos seguido? ¿Cambiaste algo después de leer esto?
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